martes, 31 de mayo de 2011

EL SUEÑO DE UNA ACAMPADA DE PRIMAVERA


Por más que intentara darle vueltas a mi cabeza no se me ocurriría nada mejor que lo que seguidamente voy a escribir para definir las sensaciones que se agolpan en el paso de estos días, en primer lugar porque no soy ningún literato dotado para el ejercicio de la escritura y en segundo lugar porque pienso que en una gran mayoría de ocasiones lo que escribimos con los sentimientos a flor de piel termina siendo lo mejor que podráimos haber escrito sobre cualquier tema. Quizás mi análisis no sea acertado, quizás mis percepciones tornen cambiantes en el transcurrir de los días y los acontecimientos o quizás mis reflexiones solo sean deseos locos de alguien que piensa que luchar por aquello en que se cree siempre tiene mayor sentido que esperar a que las cosas sucedan por el transcurrir del tiempo.

Habrá quien no entienda el sentido de estar sentado en una plaza, a la intemperie, rodeado de personas que no conoces, compartiendo ideas que siempre creiste tenían que renacer, y dormir sin haberlo planeado con la inseguridad en el cuerpo de saber que lo que ya ha ocurrido puede volver a repetirse. Yo no aspiro a que hoy ni mañana lo entendáis, simplemente respetadlo.

La mañana siguiente al desalojo que sufrieron 200 personas en la plaza del ayuntamiento de Granada resultó crucial para que decidiera que mi compromiso con ese movimiento que se estaba gestando tenía que tomar un nuevo rumbo. Creo que no podría explicar con las palabras exactas los sentimientos mezclados de rabia, felicidad, impotencia y esperanza que despertaban y aún despiertan en mí todas y cada una de las personas que hoy están de alguna forma involucradas en el desarrollo de una nueva forma de entender la ciudadanía y tomar conciencia de la importancia de la participación en procesos activos de democracia.

El único temor de aquella primera noche (la segunda en el ayuntamiento de las y los valientes que estuvieron en la plaza desde el principio) el único temor provenía de vaticinar en que momento comenzaría el desalojo por parte de las fuerzas de "seguridad" (¡qué ironía más grande en estos casos!). Creo que apenas pude dormir 2 horas en aquella noche y al día siguiente debía subir a la facultad, pero para que engañarnos mi imsomnio no provenía del miedo al desalojo, sino de la felicidad encontrada en conversaciones impensables en ese lugar y a esas horas.

Los días han ido pasando y las opiniones sobre el movimiento se han sucedido. Evidentemente el 15M ha vencido muchos de los órdagos que hasta ahora le han enviado desde fuera. Conforme se alargaba la estancia de los mismos en las distintas plazas del país desde distintas esferas hay quienes proponen varias alternativas para no perder la fuerza conseguida, quienes apoyaron las intenciones animando al compromiso y resaltando la responsabilidad del voto y quienes lo ven como una esperanza y una forma de ruptura con un mundo sin valores. Pero el 15M tiene ante sí el reto más grande, luchar contra las posibles contradiciones que puedan surgir desde dentro. No nos engañemos, como dice Sampedro está claro que "esto va a cambiar, tiene que hacerlo", pero no podemos eludir la responsablidad que nos toca en decidir qué mundo queremos construir y cómo vamos a hacerlo.

Mis sentimientos no han cambiado desde aquella primera noche en la Plaza del Carmen, frente al ayuntamiento de Granada y junto a tantas personas inundadas por la sed de vivir en una democracia REAL.

Durante todos estos días he tenido la oportunidad de hablar con mil personas sobre todo lo referido a las acampadas y al movimiento. Dudas, esperanzas, miedos, propuestas, se han sucedido tanto en las conversaciones privadas como en las asambleas a las que he tenido la suerte de asistir. De todo lo escuchado hay 2 frases que creo que merecen ser repetidas una, otra y otra vez hasta que nos queden bien grabadas en la cabeza "la responsabilidad de lo que suceda con estas iniciativas es nuestra y de nuestro compromiso con ellas" y "dudar de las posibilidades de autorregulación del movimiento y no ser parte de esa autorregulación es matar nuestros sueños por no luchar por ellos".

lunes, 9 de mayo de 2011

De pescar patitos en la feria a pescar plásticos en el mar...


Realmente esta no era una entrada que tuviese pensada escribir, de hecho hoy tenía bastantes cosas que hacer a estas horas y metido en esas tareas andaba cuando una noticia ha despertado mi atención. Por un momento he pensado que el mundo today había comenzado a emitir un programa en TVE.

Resulta que la comisaria de pesca de la Unión Europea, María Damanaki, ha propuesto que aquellos pescadores que estén en paro se podrían dedicar a pescar plásticos de nuestros océanos, con lo que como se dice por ahí mataríamos dos pájaros de un tiro: limpiamos la suciedad que estamos acostumbrados y acostumbradas a tirar a nuestras aguas; y por otro lado, disminuimos el paro.

El ejercicio de sabiduría y los quebraderos de cabeza para llegar a esa solución han debido ser tremendos, la verdad es que seguramente habrá muchas personas alabando el ejercicio de creatividad realizado por nuestros gobernantes para acabar con el paro.

Ahora viene lo malo. Yo sé que más de una persona que lea esto me llamará aguafiestas, pero ¿de verdad creéis que recolocar a los parados es solución viable para los dos problemas citados anteriormente?.

Para empezar, desde mi corto entendimiento en cuestiones relacionadas con la creación de empleo, creo que potenciar un trabajo que depende de la capacidad de la sociedad para ser cada día más sucia y menos responsable no resulta un buen ejemplo si lo que queremos es tener una ciudadanía sana y consciente de su impacto en el entorno que le rodea. La ecuación es fácil: si me pagas por recoger la basura que tiramos al mar y fuera de esta ocupación mis posibilidades de encontrar empleo descienden a pasos agigantados, no creo que fomentar un consumo responsable entre dentro de mis prioridades personales (soy consciente de que esto es pensar muy mal de la gente, porque existen los basureros y no por eso deberíamos ser más guarros. Pero permitidme tener mis dudas al respecto)

La segunda parte es que, llevando estas ideas más allá de lo extremo, podríamos pensar que nuestros bosques, ríos y parques naturales están también bastante sucios y claro, ¿por qué no emplear a nuestros parados y paradas en la limpieza de estos entornos naturales?.

Veréis, entiendo que mis argumentos en esta entrada pueden parecer un poco (bastante) negativos en torno a estas medidas propuestas, y sin dar ningún rodeo más, lo admito. Me da bastante miedo que medidas como estas puedan ser tomadas como una gran idea para combatir los desechos que tiramos a nuestros oceanos y las consecuencias de una sociedad que ha aprendido a vivir al día, sin preocuparse por lo que llegará mañana; Me aterra que se puedan enmascarar las consecuencias desprendidas de la irresponsabilidad de banqueros y gobernantes que crean una crisis sostenida bajo un sistema económico que demuestra tener no solo fallos, sino problemas de base; me duele que aceptemos los parches que nos propongan desde diferentes instancias para acallar el descontento de la ciudadanía y justificar aquello que sucede por mantener un sistema que hace, nunca mejor dicho, aguas.

En los últimos días he sido testigo, de cerca, de la capacidad de justificación ante la mala organizacion y gestión realizadas fuera del momento necesario. Y esa poca capacidad para la responsabilidad sobre aquello que afecta a más personas es precisamente la que nos lleva a utilizar medidas desesperadas "parches" para evitar reconocer los errores que arrastramos.

Espero que nadie deje que soluciones a medias sean la respuesta para todo lo que sucede gracias a la ambición, prepotencia y bajos escrúpulos de quienes mandan. No reclamo que aquellas personas que necesiten un euro para comer rechacen un empleo que le es necesario, sino que ese empleo no signifique la compra de un silencio ante una situación injusta, un mundo contaminado y la manipulación de la población.